Reflexión y encuentro

SEMANA SANTA.

El Paraguay es –constitucionalmente- un país laico (Artículo 24 – DE LA LIBERTAD RELIGIOSA Y LA IDEOLÓGICA: Quedan reconocidas la libertad religiosa, la de culto y la ideológica, sin más limitaciones que las establecidas en esta Constitución y en la ley. Ninguna confesión tendrá carácter oficial.). Sin embargo, en el país sigue predominando el culto a la religión católica, cuya importancia es reconocida por la CN: (Artículo 82 – DEL RECONOCIMIENTO A LA IGLESIA CATOLICA: Se reconoce el protagonismo de la Iglesia Católica en la formación histórica y cultural de la Nación.)

 

Así, pues, los ritos religiosos católicos tienen predominancia plena aún a lo largo y a lo ancho de los 406.752 km² de extensión de nuestro territorio patrio. Y lo estrictamente religioso se mezcla con la tradición folclórica. Las visitas a la iglesia, el Tupâitû (viene de Tupâ, deidad guaraní que adoptaron los conquistadores para designar a Dios, y tû, que viene de rehetû, es decir besar). Esta tradición consiste en besar los pies de Jesús el viernes santo, la lectura de la Siete Palabras, el canto de los estacioneros….entre otras, son tradiciones que nos vinieron de España.

El ayuno y la austeridad de los Días Santos, sin embargo, ya no tienen la amplia aceptación y cumplimiento que teníamos antes. Y, más bien, la gente se entrega a uno de los pecados capitales, la gula, con verdaderos atracones de chipa y sopa paraguaya, diversas formas de preparación de carne vacuna y porcina, regadas con bebidas espirituosas. No es infrecuente que en el interior se disputen encarnizadas partidas de naipes y más de uno resulte herido o fallecido tras una reyerta.

Hablando del interior, las principales ciudades quedan despobladas, pues la tradición estimula la visita a los familiares, situación que ha sido objeto de chistes jocosos aludiendo a los “tuku karu” (langostas), dado que los citadinos llevan pocas provisiones y esquilman de alimentos a sus familiares del campo.

La reunión familiar, las oraciones grupales, la recordación a los seres queridos que ya no están, dotan al ambiente de cierta tristeza en no pocas ocasiones. Las fiestas de Fin de Año y la Semana Santa ponen en guardia a psicólogos y psiquiatras, y médicos de guardia, pues no es común que se registren cuadros de ansiedad y exacerbación de depresión en estas fechas.

Instamos al equilibrio sano ritual y culinario, la reflexión y el reencuentro cariñoso con los seres queridos.

Que el Dios Supremo de la Humanidad bendiga a nuestra Nación y cesen los odios y egoísmos en favor del Bien Común.

Y todos tengamos ¡Felices Pascuas!

 

Dr. Luciano E. Pereira R.